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Testimonios de pintura mural prehispánica: dibujos de Agustín Villagra Caleti

 

Leticia Staines Cicero

 

El lunes 19 de junio de 2006, Adrián Villagra Vicens donó al Instituto de Investigaciones Estéticas dibujos de murales prehispánicos hechos por su padre Agustín Villagra Caleti, quien fue uno de los primeros dibujantes que trabajaron en el Instituto Nacional de Antropología e Historia para colaborar en el trabajo arqueológico (fig. 1).

El acervo se conforma de 150 rollos y carpetas en los que se encuentran dibujos a línea, reconstrucciones a color, dibujos a escala y calcas de varios murales. Este material a partir de ahora es resguardado en el Fondo Reservado de la Biblioteca Justino Fernández del mismo instituto.

 

El dibujo como testimonio

Cuando comenzaron las exploraciones institucionales en sitios mesoamericanos a principios del siglo XX, la copia por medio del dibujo se convirtió en una herramienta necesaria para ilustrar el trabajo arqueológico.

No obstante, la validez del dibujo ha sido un tema de cuestionamiento y discusión, como reproducción fidedigna del objeto arqueológico y por tanto como documento confiable de estudio. En el caso de la pintura mural prehispánica, esta controversia se debe a diversos factores que se interponen en el proceso del copiado o aun en la calca; obedecen a las condiciones en que se encuentra el mural, al conocimiento visual que tenga el dibujante del arte precolombino y a los recursos con que cuente. Ciertamente debemos tomar en cuenta que, por más fiel que se pretenda hacer la copia de las imágenes, es posible que influya el propio estilo del copista y los conceptos artísticos de su época, así como la percepción y por lo tanto la interpretación. Sin embargo, independientemente de otros medios como la fotografía, el dibujo ha sido una técnica o método de trabajo para documentar y asegurar la permanencia de materiales culturales. En los tiempos en que Villagra trabajó en sitios como Bonampak (1947) con el propósito de reproducir la pintura mural, la fotografía no estaba tan avanzada para cumplir esos fines, además de que prevalecía la tradición de emplear ilustraciones.

Entre las manifestaciones artísticas prehispánicas, la pintura mural es una de las más difíciles de preservar. Según los periodos en que se han descubierto murales, corresponden las técnicas de restauración de ese momento. Por cierto, en algunos casos no han sido las idóneas para conservar las pinturas y a veces han contribuido al deterioro o inclusive a la pérdida total,1 por lo que la copia lineal de las imágenes pictóricas ha sido fundamental.

El dibujo ofrece además distintas ventajas. Al estar frente a la obra que ha de reproducir, el dibujante puede observar de cerca hasta los mínimos detalles y errores que cometió el artista prehispánico, apreciables en las correcciones del trazo y los colores, y, al dibujar las figuras exentas del color, puede notar más claramente los contornos y las líneas de las imágenes e incluso la técnica utilizada por los artistas en cuanto al proceso del trazo, que a simple vista no es fácil distinguir; asimismo, están en posibilidad de verificar o rectificar los datos observados y hacer una copia a escala. Por todo lo anterior, el dibujo representa entonces un instrumento de consulta indispensable.

También habría que considerar otro aspecto que resulta de las excavaciones arqueológicas en edificios que fueron cubiertos por otras estructuras conforme a la tradición precolombina, ya que, al dejar al descubierto un recinto o una tumba que contiene murales, éstos entran en contacto con el medio ambiente y ello altera el equilibrio en que habían permanecido, de modo que el proceso de deterioro se inicia inmediatamente. La trascendencia del dibujo o calca de la pintura mural realizado en el momento del descubrimiento resulta obvia. En los casos en que la obra se ha perdido totalmente, esta evidencia gráfica se convierte en la única fuente de información. Tal es el caso de algunos dibujos hechos por viajeros y exploradores del siglo XIX, como los de Frederick Catherwood en la zona maya y los del mismo Villagra de la pintura del Templo de la Agricultura de Teotihuacán.

La copia de la pintura mural y de otras expresiones plásticas del arte, por medio del dibujo, es un material de registro invaluable, que puede usarse como documento para el estudio del arte antiguo de México.

 

Una semblanza abreviada

Agustín Villagra Caleti nació en la ciudad de México el 29 de abril de 1907 y murió en 1985. Estudió dibujo y pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes y comenzó en 1929 su vida profesional como pintor y dibujante en el Departamento de Bellas Artes de la Secretaría de Educación Pública. En 1932 fue ayudante en el Departamento de Monumentos Coloniales, y un año después, en el Museo Nacional. Después se integró al Departamento de Monumentos Prehispánicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (creado en 1933) y fue profesor de dibujo de la Escuela Nacional de Antropología en 1939.2

Inició sus actividades como dibujante en esta institución, al copiar las pinturas de la Tumba 105 y los relieves de Los danzantes de Monte Albán, Oaxaca. Desde 1940, la mayor parte del tiempo la destinaría a las numerosas pinturas de Teotihuacán; sin embargo, en varias ocasiones se solicitó su trabajo en otros sitios prehispánicos. Es así como en 1947 fue comisionado para encargarse de los dibujos de la entonces recientemente descubierta pintura mural del interior de los tres cuartos del Edificio de las Pinturas del sitio maya de Bonampak, en Chiapas, adonde regresó en 1948 y 1951.

En 1949 llevó a cabo la copia de algunos relieves y murales de Palenque y de 1951 a 1953 trabajó en los dibujos de las pinturas rupestres de Ixtapantongo, Estado de México. Villagra continuaría realizando dibujos de importantes escenas pictóricas de diferentes áreas culturales de México para el Instituto Nacional de Antropología e Historia y para el Museo Nacional de Antropología, entre ellos copias de imágenes pintadas en Cholula, Cuicuilco y Tlatelolco.

No obstante, como se dijo líneas arriba, gran parte de su obra se dedicó a los murales de Teotihuacán: así, desde 1942, trabajó principalmente en los de Tepantitla, de Atetelco (fig. 2) y de Tetitla (fig. 3). Algunas de las copias las ejecutó con otro dibujante: Santos Villasánchez, quien, según cuenta su hijo Adrián, se llamó en realidad Santos Sánchez y cambió su apellido por la fuerte amistad que sostuvo durante varios años con Villagra.

Muchos de sus dibujos y reconstrucciones los publicó él mismo en sus artículos, lo que facilitó a otros investigadores conocerlos y estudiarlos, así como reproducir ese material en sus propios textos. De sus trabajos reconstructivos, algunos se encuentran expuestos en salas del Museo Nacional de Antropología.

En 1960, por la labor realizada en el campo de la arqueología, Villagra recibió la Medalla al Mérito otorgada por el Centro de Investigaciones Antropológicas de México.3

Agustín Villagra no sólo se dedicó al arte mural precolombino, pues además de su cualidad como dibujante y copista era pintor. Al respecto, Salvador Toscano escribió:

ha aprendido en los libros prehispánicos a mirar —ahondando— en la sensualidad de las formas indias, ha encontrado en el mundo del arte primitivo no una fuente pero sí una enseñanza y, finalmente, su contacto con el esplendor del colorido indígena, le ha mostrado una de las razones de ser del arte nacional[...] Por ello Villagra es, por ahora, un pintor de paisaje por sobre todo[...] allí están los lacandones del Usumacinta, pero su emoción está desviada más bien hacia el esplendor y fantasía de la naturaleza, suelo y cielo de México.4

 

El contacto con la obra

Entre las variadas expresiones del arte prehispánico, la pintura mural que ha perdurado a la fecha, a pesar de las condiciones naturales y del tiempo, no ha sido documentada por completo y hace falta mayor investigación, sobre todo acerca de la rica información iconográfica que contienen sus escenas. Por esta razón y por la riesgosa fragilidad en que esa obra se encuentra, Beatriz de la Fuente consideró necesario registrarla. De este modo, inició en 1990, en la sede del Instituto de Investigaciones Estéticas el proyecto La pintura mural prehispánica en México, que incluía la elaboración de catálogos y de estudios desde los enfoques de distintas disciplinas.

Así, se registran por medio de material gráfico los murales que aún permanecen en diversos espacios arquitectónicos de los sitios arqueológicos y los fragmentos que se resguardan en museos nacionales y extranjeros.

En 1998, ya se habían publicado los dos tomos, Catálogo y Estudios, del primer volumen que corresponde a la pintura de Teotihuacán y se estaban elaborando los tomos correspondientes a Bonampak del volumen II dedicado al área maya. Fue entonces, en octubre de 1997, cuando tuvimos la oportunidad de comunicarnos con Adrián Villagra Vicens, quien de manera amable y cordial nos permitió tener acceso al material que conservaba de su padre.5 Al revisar este acervo encontramos muchos dibujos a línea, copias de originales, reconstrucciones a color, datos de las pinturas e información acerca de sus propios trabajos (por ejemplo: fecha del hallazgo y del inicio de los dibujos, del arqueólogo responsable del sitio). De tal modo, nos dimos cuenta de que se trataba de un material indispensable para los intereses del proyecto y también para el estudio del arte prehispánico.

En aquel momento nos concentramos en la búsqueda del material sobre Bonampak; para ello, Teresa del Rocío González y María de Jesús Chávez, miembros del proyecto, hicieron un primer inventario de todo el acervo. Hallamos varios dibujos que no fueron publicados, sobre todo de fragmentos que actualmente han desaparecido, como son las franjas rojas de la fachada del Edificio de las Pinturas y una acuarela de lo que aún quedaba entonces de los personajes que se localizaban en las jambas. Esta información fue trascendente para el estudio de las escenas, así como para saber qué se conservaba todavía en los muros en 1947; los dibujos fueron incluidos, junto con unas fotografías tomadas ese mismo año, en el tomo de Estudios de Bonampak.6 En el archivo de Villagra también hay dibujos de los relieves policromados de los tres dinteles que corresponden al acceso de cada uno de los tres cuartos del edificio. Cabe anotar que, en la expedición de 1948, Villagra estuvo acompañado por el dibujante Hipólito Sánchez Vera, quien realizó la calca de los relieves y que en ese tiempo trabajaba para el Museo Arqueológico de Campeche.

En diversos escritos, Villagra comenta cómo hacía los dibujos y señala los diferentes tipos de papel que usaba para su trabajo. En el caso de Bonampak, indica lo difícil que fue copiar algunas imágenes debido al desgaste y a la manera en que se recurrió a distintos métodos para lograr la mayor claridad posible en las figuras.7

En su artículo de 1947, señala que las copias las hizo a escala, con el sistema de cuadrícula (el muro a 20 cm), y aclara que las partes más afectadas se respetaron con el propósito de no alterar la información, para que fuera por lo tanto copia fiel del original (fig. 4). Asimismo, menciona las características compositivas y da su opinión sobre la posible técnica pictórica.

Otros dibujos de murales mayas fueron sorpresivos para nosotros: Villagra no menciona, en ninguno de sus textos publicados, que hubiera hecho un dibujo a color de las imágenes pintadas en la fachada este de la Casa E del Palacio de Palenque, Chiapas; estos diseños policromos han sido estudiados por varios investigadores entre ellos Merle Greene Robertson y Beatriz de la Fuente. Por su ubicación, han quedado, desde su manufactura a la fecha, a la intemperie, así que debido a su deterioro, aunque paulatino, cada vez resultan menos visibles y la capa pictórica se ha desprendido. Por lo anterior, es evidente que este dibujo a color hecho en 1949 (anterior a la copia que elaborara Robertson) muestra más figuras de las que en la actualidad es posible apreciar y otras más completas en aquel tiempo, por lo que constituye un valioso testimonio (fig. 5).

Si bien no es el momento de hacer referencia a cada dibujo del acervo, quiero mencionar tres más que resaltan por su utilidad para los estudios de los murales: el dibujo lineal de los personajes pintados en las paredes de la Tumba 105 de Monte Albán, Oaxaca (1937; fig. 6), la calca directa de unas figuras en rojo que se hallaron en Cuicuilco y que hasta ahora parecen ser la evidencia más temprana del uso de color en la arquitectura del Altiplano Central y dibujos a línea y acuarelas de algunos diseños pictóricos de Tlatelolco, ciudad de México (1961).

 

La donación

Los intereses de Agustín Villagra iban más allá de su labor como dibujante, ya que, gracias al conocimiento obtenido mediante su trabajo, escribió varios artículos sobre la conservación y la técnica pictórica, y, a partir de sus propias experiencias, propuso cómo debía ser la copia. Además, al tener un acercamiento a la pintura mural de distintas culturas, distinguió la variedad de la paleta cromática, las diversas formas compositivas y los estilos; sin duda sus dibujos y textos son en la actualidad material obligado de consulta.8

En el marco del proyecto La pintura mural prehispánica en México, esta donación ha resultado indispensable para registrar y estudiar los murales. La labor de Villagra se valora en tanto que ha contribuido de manera notable para recuperar, conservar y entender algunas pinturas.

Ahora, después de clasificarlo y proporcionarle el adecuado tratamiento para preservarlo, este material será parte del acervo de la biblioteca del Instituto de Investigaciones Estéticas, y podrá consultarse. Las labores preventivas para el traslado de los dibujos estuvieron a cargo de Mariana Plank, Claudia Mancilla, Citlali Coronel y la autora de este ensayo.

Agradecemos a Adrián Villagra Vicens y a su familia la donación del legado de su padre, Agustín Villagra Caleti, gran dibujante y pionero de la conservación de la pintura mural prehispánica.

 

Bibliografía de Agustín Villagra Caleti

Villagra Caleti, Agustín s.f. Álbum con los fragmentos de pintura al fresco, ms., México, Instituto Nacional de Antropología e Historia-Archivo Técnico de la Dirección de Arqueología, t. 65.

---------- s.f. Informe que rinde el dibujante Agustín Villagra al Instituto Nacional de Antropología e Historia sobre los trabajos de reconstrucción, copia y conservación de las pinturas murales descubiertas en Teotihuacán durante los años de 1942-1951, ms., México, Instituto Nacional de Antropología e Historia-Archivo Técnico de la Dirección de Arqueología, t. 67, exp. 518.

---------- 1947, "Las pinturas de Bonampak", Cuadernos Americanos, México, Editorial Cultura, año 6, XXXIV (4), pp. 151-168.

---------- 1948, Bonampak y su paisaje: acuarelas, dibujos y litografías del pintor Agustín Villagra Caleti, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia.

---------- 1949, Bonampak, la ciudad de los muros pintados, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia.

---------- 1949, "Bonampak, la ciudad de los muros pintados", Anales del Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia.

---------- 1951, "Las pinturas de Atetelco en Teotihuacán", Cuadernos Americanos, México, Editorial Cultura, LX (2), pp. 153-162.

---------- 1951, "Murales prehispánicos. Copia, restauración y conservación", en Juan Comas et al., Homenaje al doctor Alfonso Caso, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia/Imprenta Nuevo Mundo, pp. 421-426.

---------- 1952, "Expedición de 1951 a Bonampak", Tlatoani, México, Escuela Nacional de Antropología e Historia, I (5-6), pp. 51-56.

---------- 1952, "Teotihuacán y sus pinturas murales", Anales del Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, Secretaría de Educación Pública/Instituto Nacional de Antropología e Historia, t. V, núm. 33, pp. 67-74.

---------- 1954, "Las pinturas de Tetitla, Atetelco e Ixtapantongo", Artes de México, México, Editorial Artes de México, núm. 3.

---------- 1954, "Pinturas rupestres 'Mateo A. Saldaña', Ixtapantongo, Estado de México", México, Instituto Nacional de Antropología e Historia/Secretaría de Educación Pública.

---------- 1954, "Trabajos realizados en Teotihuacán: 1952", Anales del Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, Secretaría de Educación Pública/Instituto Nacional de Antropología e Historia, t. VI, núm. 34, pp. 69-78.

---------- 1956, "Teotihuacán, la ciudad sagrada de Tláloc", Revista Euzkadi. Caminos de México, México, Compañía Hulera Euzkadi, núm. 21.

---------- 1956, "Las pinturas murales de Atetelco", Revista Mexicana de Estudios Antropológicos, México, Sociedad Mexicana de Antropología, XIV, pp. 9-13.

---------- 1959, "La pintura mural", en Esplendor del México antiguo, México, Centro de Investigaciones Antropológicas de México, t. 2, pp. 651-670.

---------- 1961, "Los murales de Atetelco, Teotihuacán", Boletín del Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, núm. 4, pp. 1-3.

---------- 1965, "La conservación de los murales prehispánicos", Anales del Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, Secretaría de Educación Pública/Instituto Nacional de Antropología e Historia, t. XVII, núm. XLV, pp. 109-115.

---------- 1971, "Mural Painting in Central Mexico", en Robert Wauchope y Wille Gordon R. (eds.), Handbook of Middle American Indians, Austin, University of Texas Press, X (1), pp. 135-156.

 

Notas

1. Un ejemplo de este hecho es la pérdida de algunos fragmentos de los murales de la Estructura A del sitio de Mulchic, Yucatán.

2. Roberto García Moll, "Agustín Villagra Caleti", en Carlos García Mora (coord.), La antropología en México. Panorama histórico, t. 11, Los protagonistas, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia (Colección Biblioteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia), 1998, pp. 505-507.

3. Archivo personal de Agustín Villagra Caleti.

4. Salvador Toscano, "El paisaje", en Agustín Villagra Caleti, Bonampak y su paisaje: acuarelas, dibujos y litografías del pintor Agustín Villagra Caleti, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1948, s.p.

5. Conocimos a Adrián Villagra Vicens gracias a la investigadora Emilie Carreón Blaine, quien conoció a su hija Kika Villagra.

6. Leticia Staines Cicero, "Bonampak a través de las copias de Agustín Villagra", en Beatriz de la Fuente (dir.), Leticia Staines Cicero (coord.), La pintura mural prehispánica en México: área Maya. Bonampak, México, Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Estéticas, 1998, vol. II (2), pp. 299-312; "Los dibujos de Bonampak de Agustín Villagra Caleti", en Leticia Staines Cicero (ed.), Boletín Informativo La Pintura Mural Prehispánica en México, México, Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Estéticas, año IV, núm. 8-9, junio-diciembre de 1998, pp. 18-20.

7. Agustín Villagra Caleti, Bonampak, la ciudad de los muros pintados, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1949, pp. 11-15.

8. Se incluye en este artículo gran parte de la bibliografía de Agustín Villagra Caleti.